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El Tren Maya a través de un desierto

En la sección LA COLUMnita NECESARIAMENTE INCOMODA por el 17 diciembre 2019 a las 9:03 am

Graciela Machuca Martínez
Los mil 500 kilómetros de obras del llamado Tren Maya, que pasará por los estados de Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo, se construirán durante los cinco años que le quedan al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, desde luego, si la santa economía nacional y mundial, lo permiten, y no porque ya se haya cumplido a medias con la formalidad jurídica de una consulta a los pueblos originarios, como lo establece el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), sino porque el gobierno de la república ya tiene el compromiso de blindar la región Sur-Sureste del país para evitar el paso de migrantes centroamericanos al país del norte y de manera alternativa generar desarrollo económico.
Tanto las vías férreas como la demás infraestructura de este medio de transporte estarán custodiadas por elementos de la Guardia Nacional, cuya tarea principal en este momento es controlar el flujo migratorio, ante la falta de recursos y por la corrupción que se apoderó del Instituto Nacional de Migración (Inami).
El primer dique a la migración centroamericana será el Tren Maya y no solo porque se militarizará la zona por medio de la Guardia Nacional y las nuevas atribuciones en materia de navegación mercante que se le darán a la Secretaría de Marina, sino porque la construcción de las obras del tren, así como los desarrollos inmobiliarios y turísticos que se detonarán, utilizarán mano de obra centroamericana.
Un segundo muro que se construirá será el corredor transístmico entre Coatzacoalcos, Veracruz y Salina Cruz, Oaxaca, que estará conformado por un ferrocarril, una autopista, reforzamiento de los ductos de gas y la ampliación de ambos puertos, todo ello resguardado por la Guardia Nacional y por las fuerzas armadas, ya que será un complejo sistema de transporte internacional que pondrá en juego no solo la seguridad nacional, sino se convertirá en un vía de estrategia militar a nivel regional.
Entre Salina Cruz y Coatzacoalcos se construirán parques industriales en los que se invertirán capitales extranjeros y el gobierno de México tiene la obligación de garantizar seguridad a los inversionistas y de esa planeación estratégica se están encargando los consultores de Singapur que fueron contratados para tal proyecto.
A esas obras también podrán llegar a trabajar los migrantes centroamericanos, pero hasta allí se quedarán, no podrán continuar su camino hacia Estados Unidos, porque el gobierno de México se encargará de ficharlos y darles seguimiento para evitar que pasen esa línea. Al Istmo de Tehuantepec también podrán llegar a trabajar quienes por una u otra razón sean desplazados de sus comunidades por el paso del Tren Maya. Las razones de estos desplazamientos, forzados o voluntarios, el gobierno federal no los quiere ver, porque solo reconoce la realidad social y política de Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo con base en el discurso y en las buenas intenciones, pero la sociedad mexicana no funciona de esa manera.
La historia de los pueblos originarios de esta parte del país, principalmente la del Pueblo Maya, nos dice lo contrario.
Por ejemplo, es paradógico el caso de Quintana Roo con la llegada del tren militar en 1904 para que el gobierno de Porfirio Díaz pudiera mantener el control de la zona, luego de las atrocidades que su ejército cometió para someter a los mayas sublevados, quienes sabotearon a ese ferrocarril hasta 1915, cuando los militares entregaron la plaza, ya durante la época revolucionaria. Después fue utilizado para la extracción de chicle hasta que quedó en desuso. Ahora, al pueblo maya se le quiere convencer de las virtudes de moderno tren, pero en la memoria colectiva del pueblo maya de lo que ahora es Quintana Roo, un tren es sinónimo de represión militar. 
La obra ferroviaria que Porfirio Díaz no pudo continuar es retomada hoy en día, con el mismo principio de orden y progreso, para desarrollar a los pueblos pobres, marginados, olvidados, como son los mayas. 
Será inversión privada la que mayoritariamente se utilice para que el Tren Maya se construya y opere, ya que el gobierno mexicano no tiene los recursos suficientes para una empresa de tal magnitud, sin embargo, será el responsable de resolver los conflictos políticos y sociales que se generen durante y después de la construcción.
Tanto en la etapa de construcción como en los primeros años de operación, las economías locales y regionales se fortalecerán. El sector inmobiliario desarrollará el entorno tanto del Tren Maya como del Corredor Transístmico; el sector turístico tendrá que rediseñar sus servicios para atender turismo internacional, el cual se verá fortalecido con la opción de internarse por donde pase el Tren Maya, pero también deberá estar preparado para atender al turismo nacional que se incrementará al poder llegar a la Riviera Maya por vía ferroviaria.
Sin embargo, las proyecciones financieras deberán ser atendidas y ajustadas tanto por el gobierno como por empresas inversoras, porque el avance de ambas obras estará sujeto al comportamiento de la economía nacional y global.
México iniciará el año 2020 con un crecimiento cero en su economía que le dejó el 2019, por ello, la recesión económica se mantendrá, al menos durante el primer trimestre del año que viene, de acuerdo a los expertos. Estos fenómenos de la política económica impactan decididamente en proyectos financieros como el Tren Maya y el Corredor Transístmico.
Pero si los buenos deseos de Navidad y Año Nuevo se nos cumplen, entonces sí, hay que empezar a revisar las razones de quienes se oponen al Tren Maya.
Sin duda, estamos ante un escenario de economía global, de neoliberalismo atroz, lo que los teóricos han llamado necroneoliberalismo. 
Las condiciones de los diversos ecosistemas, a lo largo de los mil 500 kilómetros de recorrido del Tren Maya, son altamente sensibles, por lo que cualquier intervención que tengan, por mínima que sea, tendrá resultados irreversibles.
Hay que dejar en claro que el nivel de riesgo en que se encuentra la biodiversidad tanto en el sureste como en el sur, así como en todas las regiones del país y del planeta, no es responsabilidad de quienes gobiernan hoy en día el país, sino de la irresponsabilidad de la especie humana que propició el cambio climático.
Lo que sí es responsabilidad gubernamental y de toda la sociedad, es evitar que el daño continúe. Como país debemos tener un comportamiento ético cuando decidimos realizar intervenciones en la naturaleza, porque cualquier nueva agresión, aunque sea para generar alimentos para nuestra generación, estamos comprometiendo al planeta que le dejaremos a quienes aún no han nacido. 
Quienes habitamos la tierra tendríamos que revisar nuestro egoísmo con las futuras generaciones, a quienes podremos dejarles un tren muy bonito, operado con tecnología de punta, pero que atraviese un desierto, en lugar de una selva.
Durante la consulta que se desarrolló en Felipe Carrillo Puerto, entrevisté al indígena maya, Fray Martín Colli Colli, originario del ejido de Xyatil, reconoció, como le explicaron durante la consulta, que será el motor para encontrar el desarrollo de las comunidades.
Sin embargo, refirió que le comentó a sus compañeros ejidatarios “que es muy buena idea y ellos me decían que sí, pero que todos traen buena ideas, pero al final es donde se echan a perder las cosas. Entonces, yo les decía que nosotros como pueblo, no estamos para quedarnos en reservas o en museos, sino que nosotros somos un pueblo libre, que piensa, que sienten y que tienen dignidad”.
Colli, al igual que sus compañeros, quieren ser tomados en cuenta, de manera seria “y que también esto se lleve a las comunidades, no solo en un lugar, donde solo una persona o dos de un ejido vengan a representar”.
Ejemplificó que la Riviera Maya se presentó como “una idea muy buena, que iba a ser para el desarrollo del estado, pero lo único que benefició es a los grandes ricos, ¿nosotros qué beneficio tenemos? si cuando llegamos a las playas es propiedad privada, no entramos y es de nosotros, de nuestros abuelos, la tierra es de nosotros y nosotros que beneficios recibimos de ellos, no recibimos nada, entonces es lo que les quiero decir, Que este proyecto beneficie a las comunidades, no que quede y termine en un idea buena, nada más y que finalmente se le entregue a privados y que solo beneficie a la gente rica como sucede con el horario de verano”.

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