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Árboles de más de dos metros de grosor fueron sacados de la selva y el calentamiento global nos alcanzó

En la sección LA COLUMnita NECESARIAMENTE INCOMODA por el 25 septiembre 2019 a las 3:48 pm

Historias de la Selva Maya:

Graciela Machuca Martínez

  • El ejido está saqueado y acabado y las selvas destruidas, es la causa del calentamiento global
  • Habrá saqueos de los grandes negocios, obligados por el hambre, no hay producción de nada.

Abundio Canché Cobos tiene 65 años de edad y es originario de Yoactun y ejidatario de Laguna Kaná, en el municipio de Felipe Carrillo Puerto, al igual que otros 180 hombres, los otros 30 que comprenden el padrón “ya se fueron”, recuerda.

Se ubica en su niñez, específicamente en 1966, cuando “la selva era muy bonita, no imaginamos que la selva se fue decayendo poquito a poco, en ese tiempo, el punto muy importante del ingreso de la gente es la explotación de la resina del árbol del chicozapote que en esos años se daba, porque casi no había explotación forestal, la explotación del chicle no deteriora la selva, porque el árbol queda parado”.

Abundio, a sus 65 años de edad encuentra en su memoria, que hubo un programa del gobierno que se llamaba bosques de Quintana Roo, “es cuando empezaron la venta de caoba, enormes árboles que tienen como diez metros de altura hasta 3 de grosor al caer al suelo, son gigantescos árboles, nadie imaginó que eso trae consecuencias futuras como en las que estamos viviendo, porque un árbol grandísimo, al caer… al suelo, destruye su alrededor donde cae, eso deteriora el medio ambiente”.

Pero en ese tiempo “la gente no lo sabía, pero si es real, nos perjudica, porque al caer un árbol de 400 a 500 años de vida que tiene, cuando va llegar otro de ese tamaño, cuándo van a cubrir ese espacio, es cierto, van a germinar otros arbolitos, pero se necesita ese tiempo para volver a crecer del tamaño de dos metros de altura de su grosor”.

Ahora, con los planes de aprovechamiento forestal anual, “la gente no se beneficia, se benefician los empresarios que compran la madera, los que maquilan la madera, los que la convierten en muebles, lo poco que recibe la gente que es dueña de la selva, ya lo debe, ya nada más paga la deuda, ya no le queda nada, pero si nos dejó recuerdos, como ahorita, el calentamiento global que está viviendo nuestro planeta”.

Vuelve a la imagen de esos enormes árboles que vio caer a partir de 1966 hasta la actualidad, “cuántos árboles ya fueron derrumbados, cuantos árboles ya no están en toda la selva, cuánto vamos a esperar para que crezcan de ese mismo tamaño, ahora se sufren las consecuencias, pero de esa situación no es tan culpable la gente, culpables también los gobiernos, porque no crean programas productivos para la gente del campo”.

Abundio muestra enojo, “el gobierno lo que hace es mejor dar el permiso para la venta de árboles, para que la gente tengan dinero, más no se imagina el gobierno que estamos destruyendo la selva, causando grandes problemas como la sequía, la escasez de maíz, la escasez de trabajo, dinero, de comida, porque todo viene de la producción de la milpa, y ahora aunque uno haga 10 o 20 hectáreas, no llueve, no resulta”.

A lo largo de su vida se fue especializando en la explotación de la madera y en la forma que sus antepasados cuidaban la selva, para conservar la vida, esa experiencia lo llevó a ser dirigente de la Organización de Ejidos Forestales y presidente del Comisariado Ejidal.

La falta de producción de la milpa es consecuencia de que se ha destruido la selva, “porque de los años sesentas, cuando yo era niño, el maizal se daba todo, hasta semilla de tomate se tira en la milpa, había para comer camote, yuca, frijol de guía, calabazas, todo hay, y hoy aunque lo siembres, ya no sé da, porque no hay lluvias”.

Ante esta situación, el gobierno debe crear un programa especial, con sistema de riego, se deben formar grupos, que cada cuatro hectáreas construyan un tanque elevado, aunque esté entre piedra puede producir, porque hay un sistema de riego, pero ese programa no lo hay no existe, porque el gobierno ya no se preocupa de la gente del campo o la gente no lo exige”.

Los hombres del campo “ahorita si tenemos de qué exigir, porque estamos viendo la producción ahora, pues no da, por más que luchamos, entonces cuando ya no hay, el hambre perjudica, como pasó en aquellos años cuando en la presidencia Municipal les echaron gas, porque reclamaron que no hay milpa ni que comer, eso puede volver a suceder. El gobierno debe preocuparse respecto a la producción, no dar permiso solamente para explotar irracionalmente la madera”.

Considera que los planes de manejo forestal no están sirviendo, porque ahora, “de donde quiera sacan la madera, entonces no hay ni Profepa, no hay Forestal, cada quien saca madera a su gusto, las palizadas, donde quiera, pero se debe sacar del área destinada a explotar de manera anual, de allí se debe sacar, no por donde quiera, para que no se deteriore todo el medio ambiente”.

Recuerda que en el año 1984, como parte del trabajo de la Organización de Ejidos Forestales, en su ejido se diseñó un plan de manejo forestal y 25 años después se regresó a esas áreas ya explotadas, “y se saca buena madera, pero las palizadas las sacan en otro lado, entonces ya está deteriorando por todos lados, eso quiere decir que ya no hay un plan de manejo, no hay un trabajo organizado”.

De esta situación responsabilizó a las autoridades federales, estatales y municipales, “porque no se preocupan en eso y la reforestación es lo que me da más coraje. Hace años, lo hacemos en el mero tiempo de lluvias y ahora la reforestación no se hace, el año pasado se reforestó en enero, pues estamos en secas, el árbol no vive, nada más un requisito para que Conafor da el permiso, pues de que nos sirve ese requisito, si no se hizo para el bien de toda la siembre del árbol, todos mueren, en cambio hace años, cuando fui comisariado del 87 a 90 se sembraba en el mes de julio”.

Asegura que “del árbol sale todo, hay un tabulador que se manejaba, se puede comprar semillas, nosotros nunca compramos planta, sembramos el vivero, pagamos la reforestación, sale el dinero para todo, pero ahora las autoridades ejidales solo se dedican a malgastar el dinero chupa y chupa, ya ni fondos ejidales hay, en ese tiempo teníamos 90 millones de capital bancario, hoy ni siquiera 90 centavos hay, no se vale, el ejido está saqueado y acabado y las selvas destruidas, es la causa del calentamiento global, pero no solo este ejido, sino varios ejidos están igual, los explotan y sin fondos”.

Reconoce la necesidad de vender los árboles “pero de manera moderada, no exagerada, que se puede dar permiso un año, el otro no, hasta cada dos años para que no se vaya a acabar totalmente, porque de lo contrario en pocos años ya no hay selva”.

Cuestiona la poca vigilancia de las autoridades, la corrupción, la negligencia de la burocracia ambiental, “solo cobran su salario sentados en una silla, desde los escritorios, no salen al campo, por ello no se dan cuanta que a veces se tiene una autorización para cien metros cúbicos de madera y venden 150…”.

“¿Y cómo le hacen, pues madrugan, llevan el primer viaje con una nota de remisión, sin fecha, con hora nada más, y sí no lo vieron en el camino regresan y llevan otro viaje, con la misma remisión por eso venden de más, de cien autorizados llevan 150, 200, eso es lo que perjudica…”, advierte el entrevistado.

–Los abuelos, los padres, ¿qué le heredaron a esta generación de jóvenes?
–Les heredaron la selva, los ejidos, porque todos, los antiguos dueños del ejido ya se fueron, puros jóvenes, nosotros quedamos pocos y los demás ya se fueron. Los actuales no se preocupan de explotar la madera adecuadamente, lo que se preocupan es que haya dinero rápido y fácil, no se preocupan de cuidarla o preservarla como se quiera llamar, o explotar racionalmente, no exageradamente. Para mi es lo que más me duele…

Agregó: “Lo que me duele es la explotación inmoderada, es el calentamiento global que viene a perjudicar nuestro planeta y lo que más duele, es que la producción ya no da, y no llueve, porque yo sé, desde niño, mi maestro me enseñó que de los árboles grandes sale la humedad, se evapora, va arriba, cae de lluvia, porque hay selva que la atrae, pero hoy ya no hay selva, ya no hay lluvia, es lo que más me duele”.

Le advierte al gobierno que se debe preocupar por la falta de producción, porque de lo contrario “habrá saqueos de los grandes negocios, nos obliga el hambre, el gobierno debe preocuparse antes de que suceda y para ello debe buscar alternativas”.

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