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Explotación de la selva, una historia de corrupción y pobreza para indígenas mayas en Carrillo Puerto

En la sección LA COLUMnita NECESARIAMENTE INCOMODA por el 10 agosto 2019 a las 9:31 am

“Historias de la Selva Maya “:
Graciela Machuca Martínez

A la actividad forestal en Quintana Roo “no se le ha hecho justicia, en proporción a lo que ha aportado al desarrollo del estado”, sostuvo Cesar Orlando Arceo Manrrique, hombre de 50 años de edad, nacido en el municipio Felipe Carrillo Puerto y quien desde temprana edad se dedica a la extracción de madera de la selva.

Lo que sabe de la madera se lo fue aprendiendo de su padre desde niño, después su experiencia personal le permitió conocer la selva e ir especializándose en el trabajo de la madera, por lo que es sabedor que desde hace cientos de años “la selva ha sido la base de la economía del estado de Quintana Roo, aún antes de ser estado, cuando era territorio”. La cultura maya se desarrolló en la selva, allí sobrevivió durante la colonia.

De la selva se traía mucha madera, “incluso, llegaron a codiciarla los ingleses durante la época de “La Guerra de Castas” y con el intercambio de caoba, hacían que los mayas, que estaban sublevados a los españoles Yucatecos, tuvieran armamento con lo que pudieron tener una guerra de más de 50 años, la llamada “Guerra de Castas”, a partir de 1847, casi 50 años de resistencia”.

Después de esa etapa de los mayas que han habitado el territorio de lo que hoy es el estado de Quintana Roo, continúa la actividad maderera, ”se han registrado diferentes sucesos a lo largo de toda esa historia, de todo ese proceso, casi el común denominador era el saqueo de la madera, la extracción de la madera sin ningún plan de manejo, sin ninguna garantía de que sea sostenible”.

Afortunadamente, para los mayas y para la selva, “poco a poco eso fue modificándose, se fueron dando sucesos como la conformación de la Unión de Ejidos, en la época de la actividad de los durmientes, que proporcionaba mucha economía, muchos ingresos a los ejidos que conformaban las uniones de ejidos, pero también eran un sinónimo de corrupción pasado el tiempo, los dirigentes que llegaron a administrar los fondos que la actividad durmientera generaban, pues se quedaban con la mayoría de los recursos, justificaban gastos”.

Esos actos de corrupción provocaron que a los menos beneficiarios fueran los dueños de la selva, “la gente que pasaba las horas labrando la madera con hacha, que era así en ese tiempo, hacer vigas de chechen que incluso hasta era tóxico, labrando a hacha y saliéndole llagas, infecciones y solo recibían un mínimo beneficio del precio, porque el intermediario era el que más se beneficiaba, incluso, mucha gente de los líderes llegaron a hacerse ricos”.

No todo estaba perdido y “llegaron personas que empezaron a capacitar a la gente, a medir, a cubicar la madera, para que los ejidatarios supieran como se medía un metro cúbico de madera y en cuanto lo podían vender, para que cuando los madereros extrajeran la madera, pues ellos ya supieran que el maderero no se estaba llevando el doble de madera, como lo hacía antes, diciéndoles que solamente había tantos metros cúbicos”, así les robaban la madera a los ejidos.

A estos ejidos forestales llegaron organizaciones de productores forestales “y empezaron a trabajar más o menos bien, hasta que, pues, igual, les ganó la ambición, vieron que podían tener una forma de vida holgada, igualmente volvieron a corromper la actividad, se empezó bien, pero luego cuando vieron que era buen negocio pues se corrompieron como los anteriores líderes y así fue que se formó la Organización de Ejidos Productores Forestales”.

Sin embargo, “llegó el tiempo en que sus actividades no eran tan lícitas, eso fue hace 30 años, en la época de Pedro Joaquín Codwell, cuando se implementó el Plan Piloto Forestal, surgieron organizaciones en Chetumal, en Felipe Carrillo Puerto, en José María Morelos. Llegaron con buenas intenciones, porque venían preparados, tenían conocimiento del manejo de la selva, sabían que debían de hacerse planes de manejo para garantizar la permanencia del recurso, tanto de la caoba, como de las demás especies, con sustentabilidad y hay que reconocer que trajeron esa aportación al desarrollo forestal de Quintana Roo.

–¿En la práctica, se aterrizaron algunas propuestas innovadoras para explotar la selva?

–Se implementaron los programas de reforestación, la Semarnat ya tenía como obligación que los ejidos, año con año, tenían que reforestar cierta cantidad de árboles por cada metro cúbico de madera que se extrajera, pero ya no se hizo como tal y las reforestaciones solo se hacían para cubrir ese requisito, no se cuidaban que las plantas reforestadas estuvieran bien sembradas, incluso, que posteriormente tuvieran un mantenimiento que hay que darle como a cualquier selva que se está manejando, pero eso si se justificaban recursos diciendo que todo eso se estaba haciendo de manera correcta.

César Orlando Arceo Manrrique, lamenta que “los volúmenes de madera han bajado y lo que siempre ha pasado, es que el asunto forestal, en Quintana Roo, no le han dado interés los gobiernos en turno, solamente les ha interesado el turismo que es de donde viene más dinero y piensan que la actividad forestal no es algo que debería ser primordial en el proyecto de gobierno, eso ha hecho que los ejidatarios que aún tienen su selva y tienen madera, tienen que luchar por si mismos para vender, para poder producir, no hay ningún tipo de apoyo al campo para desarrollar pequeñas empresas”.

Los ejidos tienen madera, tienen materia prima, pero solos tienen que saber “como costearse sus gastos, por si quieren armar una pequeña carpintería o si tienen algún mercado en Playa del Carmen, tienen que ver la manera de dedicarse a esta actividad, cortar la madera y ver que sus permisos estén bien y luego lidiar con el transporte y todo. Es una actividad que va en decadencia, porque los volúmenes no son como hace 30 años y no hay mercado actualmente, de acuerdo a los volúmenes que autoriza Semanart en el estado”. En muchos casos el apoyo del gobierno es nulo y cuando lo hay se pierde en la deficiencia burocrática.

Como conocedor de la actividad forestal en la zona, sostienen que en el municipio de Felipe Carrillo Puerto, por lo menos, unos 35 ejidos se dedican a la madera, unas cuatro mil familias se mantienen hoy en día de la actividad forestal, pero cada quien por su lado. “Yo pienso que esto va a durar en proporción al interés que para el gobierno represente, voltear a ver a esa actividad, darle más interés y apoyar a la gente que se dedica a producir muebles, artesanías que salen de la madera, artesanías de bejucos…”, la explotación no es sustentable, agregó.

La selva no solo da madera, también miel y el chicle, pero de este último producto “es un monopolio, del cual se han beneficiado dos o tres personas, yo pienso que fue un error de Semarnat que el chicozapote se use para la construcción, se está vendiendo el chicozapote en rollo a los hoteles, pero se está dejando sin esos árboles para obtener el chicle”.

Detalló que “es muy común ver en la orilla de la carretera que va a Cancún carros tipo torton, tráiler, cargados de troncos de chicozapote que deberían estar en pie produciendo latex, pero como Semanat autorizó que se puede tumbar el chicozapote, a pesar que hace como diez o doce años estaba prohibido tumbarlo.


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