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Demagogia, ineficiencia y corrupción en Hidroponia Maya, un fracaso más

En la sección LA COLUMnita NECESARIAMENTE INCOMODA por el 7 mayo 2019 a las 9:23 am

Necesariamente Incómoda

**Lucía, mujer maya que paga en carne propia decisiones de políticos

Graciela Machuca Martínez

Lucía Canché es una mujer indígena maya de 50 años de edad, vive en XHazil Sur, allí se dedica, junto a su esposo y demás familia, a la producción de chile habanero en uno de los invernaderos que aún quedan del renombrado proyecto agrícola Hidroponia Maya, por el cual se endeudó al estado de Quintana Roo por mil millones de pesos, duró solo unos cuantos años, hasta donde alcanzó la voluntad política de un gobierno, sin embargo, Lucía sigue cultivando, porque ella no ha salido de la pobreza, como se lo prometieron.

Fue víctima de la corrupción y la ineficiencia administrativa, porque la paraestatal le quedó a deber 45 mil pesos de su producto entregado en tiempo y forma. Al igual que Lucía, otras productoras y productores que surtían a Hidroponia Maya fueron defraudados por el mismo gobierno del estado de Quintana Roo y, desde luego, nadie se hizo cargo de esas deudas, cuyo monto, constituían el capital de trabajo de esas familias campesinas.

Entre la clase política de Quintana Roo, particularmente en el sector agropecuario, se sabe muy bien, quienes encabezaron la Secretaría de Desarrollo Rural y a quienes nombraron como administradores de Hidroponia Maya, cuando la paraestatal tenía recursos, producto del endeudamiento estatal, quienes aún están en la política y deben rendir cuentas del porqué quebraron a la empresa y después la vendieron como chatarra.

Creada en 2005, la empresa perteneció al programa IMMEX (Programa para la Industria Manufacturera, Maquiladora y de Servicios de Exportación) y contó con el certificado RUPA que otorga la Secretaria de Economía para empresas con calidad.
Un informe de Hidroponia Maya S.A. de C.V de junio de 2011 dice: “El programa de invernaderos sociales inicia a partir del 2006, con 30 unidades de 36002 cada
uno ubicado en los municipios de: José María Morelos, Felipe Carrillo Puerto y Lázaro Cárdenas.

“Fue otorgado el programa para que a través de Hidroponia Maya se asesorara a los productores y se transfiriera el paquete tecnológico del chile habanero y se apoyara a los que deseaban continuar con el cultivo del tomate.

“La producción de 12 toneladas, por unidad de producción al inicio de esta labor técnica, ha llegado a tener un incremento considerable de hasta 25 toneladas por hectárea”.

Las buenas noticias no duraron mucho tiempo y en el año 2015, la paraestatal fue rematada como chatarra a una empresa privada que también cerró sus puertas y esos miles de familias que vieron en Hidroponia Maya una salvación a su paupérrima situación económica quedaron en el abandono, en el olvido y con sus sueños truncados.

Una investigación del periodista Benjamín Pat, nos recuerda que las instalaciones de Hidroponia Maya, “puesto en operaciones con una inversión inicial de 50 millones de dólares, fueron rematadas por 18 millones de pesos a la empresa Chada Agricultura S.A. de C.V”.

Pat señala que según la factura con número de folio 107 emitido el 31 de marzo de 2015 por la propia Hidroponia Maya, la mencionada empresa pagó 9 millones de pesos por el terreno de uso comercial y otros 9 millones de pesos por la construcción de uso comercial.

El monto facturado fue por 19 millones 440 mil pesos, incluyendo un millón 440 mil pesos por concepto de Impuesto al Valor Agregado (IVA).

El texto periodístico publicado por Novedades de Quintana Roo, refiere que según el documento fiscal, Chada Agricultura, S. A. de C. V., tiene su dirección en calle 7 número 271 de la colonia Campestre en la ciudad de Mérida, Yucatán.

En diciembre de 2014, tres meses antes de la comercialización de las instalaciones, Hidroponia Maya contaba con bienes e infraestructura con un valor de 321 millones 192 mil 768 pesos.

Ese monto corresponde al terreno y edificio no habitacionales propiedad de la empresa, creada en 2004 durante la administración de Joaquín Hendricks Díaz, de acuerdo a la investigación de Pat.

Además contaba con bienes muebles con un valor de 12 millones 860 mil 179 pesos que representaban todo lo necesario para su funcionamiento.

Aún existen recursos legales para que se le de una explicación a los contribuyentes de Quintana Roo, de quien tomó la decisión y bajó qué creiterios de que ese mismo año, “los responsables de Hidroponía Maya, encabezados por su director general Otto Ventura Osorio decretaron una depreciación acumulada de los bienes por 158.9 millones de pesos”.

De esa manera, el valor de la infraestructura quedó en apenas 175.3 millones de pesos, según la cuenta pública que se entregó a la Auditoría Superior del Estado (Aseqroo) el mismo día de la venta.

Las instalaciones contaban con 40 hectáreas dividas en ocho invernaderos de cinco hectáreas, cada una; también estaba equipada con dos naves de empaque, dos módulos de servicio, un semillero y una oficina administrativa, todo ello comercializado en 18 millones de pesos.

El asunto fue retomado por la Auditoría Superior y por la Comisión de Hacienda, Presupuesto y Cuenta del Congreso Local, cuyos integrantes deben investigar basados en principios de transparencia y rendición de cuentas, porque los recursos extraviados al vender esa paraestatal son propiedad de la ciudadanía y el daño social que se causó es de dimensiones insospechadas para los políticos, quienes con la mano en la cintura se pueden llevar al mes, 45 mil pesos a la bolsa, libres de polvo y paja, pero mujeres como Lucía, no se pueden recuperar, después de años de que Hidroponia Maya les quedó a deber 45 mil pesos o más.

A Lucía Canché le invade el coraje, la desesperanza, porque es una de las víctimas del engaño y la ineficiencia gubernamental, ella ha sentido en carne propia y aún está pagando, los efectos de la corrupción, compras gubernamentales de mala calidad y las eternas promesas de los políticos, pero ella, a decidido salir adelante, con el gobierno o sin el gobierno.

Del invernadero que construyó con el apoyo de Hidroponia Maya, solo le queda el sustrato, el cual no ha podido cambiar, para que mejore su producción, porque no tiene 20 mil pesos para comprarlo, más, el dinero para pagar la mano de obra.

En un espacio de mil 500 metros cuadrados donde cultiva chile habanero, pero representa un reto para ella y su familia comprar insumos como fertilizantes, insecticidas, pesticidas y solo los compran cuando venden parte de su cosecha.

La tecnología que se adquirió para operar los invernaderos en la zona maya está diseñada a base de agroquímicos y las familias productoras dependen de estos productos para lograr una buena producción, pero si no tienen el dinero suficiente, la producción es mínima y de mala calidad.

“El invernadero si funciona cuando no le hacen falta agroquímicos, fertilizantes, pero si uno no tiene para comprar eso, el invernadero no produce (…) todo iba bien en el 2012, pero empezó a cambiar cuando empezaron a quedarnos a deber el chile, nos lo pedían fiado los de Hidroponia Maya, nos pedían producto y nos decían, la otra semana, la otra quincena, el otro mes te voy a depositar y nunca pagaron, a mí me quedaron debiendo 45 mil pesos, que era mi capital de trabajo”, recuerda Lucía.

Al igual que otras mujeres y hombres, Lucía intentó recuperar su dinero y los encargados de Hidroponia Maya los trajeron a puros engaños, hasta que ella se cansó, porque estaba invirtiendo en pasajes para ir hasta Chetumal a reclamar lo que era de ella.

Ahora sigue sembrando, “nos sacrificamos, pero estamos trabajando para sacar a los hijos adelante, sí nos sale, aunque sea para la casa, para los hijos, por eso nosotros seguimos acá trabajando”.

Desde el año 2003 cuando Lucía empezó con el invernadero, incluso antes de que se formalizara Hidroponia Maya (2005) se asoció con otras seis personas, “pero cuando las socias vieron que ya no había dinero, como querían, se fueron yendo una por una, yo me quedé con mi hermana y mi esposo a trabajar. Ahorita yo estoy haciendo mi acta constitutiva, metí más socias, como yo tengo hijas, metí tres hijas como socias”.

Actualmente la empresa Bio Guayab les comercializa su producto, luego
de que como iniciativa privada entró al rescate de productoras como Lucía, tras la quiebra y el abandono de Hidroponia Maya. Su situación era tan precaria que la empresa les dio apoyo en especie, les dio los agroquímicos para que volvieran a sembrar.

El invernadero de Lucía, durante los dos primeros años que trabajó con Hidroponia Maya logró producir hasta 40 toneladas de chile habanero, luego 25, 12, hasta las cinco y media toneladas que produce actualmente.

–¿A qué le atribuyes que haya descendido la producción?

–Yo creo que es por el sustrato que ya venció. Pero nosotros no tenemos la manera de sacar ese sustrato y meter uno nuevo, desde el 2003 estamos con el mismo.

–¿Cuánto representaría en dinero?

–Como 20 mil pesos, solo para el sustrato, aparte la mano de obra.

–¿Hay algún programa del gobierno que los vuelva apoyar?

–Bueno, dicen que para los invernaderos ya no habrá apoyos, porque ya fueron apoyados años atrás. Si es cierto, no lo voy a negar, si nos han apoyado, pero, anteriormente, a nosotros solo nos decían que nos apoyaban con plástico, mayas, sistemas de riego, casi año por año, pero esas fueron mentiras. Hace como siete años, cuando Mendicuti estaba como secretario de Sederi, hasta a mi me molesta, nos convocan a entrega de apoyos y nos hacen la dichosa entrega simbólica, solo para que vean que te están entregando tu apoyo que se gestionó, pero no era cierto. Son puras simulaciones, pasa acá toma tu plástico, toma tu maya y te toman la foto y lo que más me molesta, de cuando no paso esto, terminando la ceremonia, nos llevaron a la bodega de Hidroponia y nos tomaron foto, sí, allí estaba el plástico, perfiles, mallas, zigzag, todo un equipo de los invernaderos, nos tomaron foto, no solo a mí, sino a varios compañeros y ya después, dónde, que se acabó ese apoyo, nunca nos lo entregaron. Nomás nos hicieron la dichosa entrega simbólica.
Después, hace como tres años, si recibimos apoyo. Nos dieron plástico, nos dieron malla, sistema de riego, eso sí nos llegó, ese apoyo fue otra de esas cosas que nosotras, como gente de agricultura no nos damos cuenta, como dicen que están tapados nuestros ojos, nos dieron apoyo de no sé para cuántos invernaderos, por más de cinco millones de pesos, pero es de mala calidad, los mosquitos entran por las mallas, pasan, es lo que digo, dónde está nuestro líder, pero si el líder es cómplice para que nos chinguen así. Contrataron a una empresa que se llama sol y agua y ellos hicieron el trabajo y ellos fueron los que recibieron ese dinero y ellos fueron los que hicieron la compra de mala calidad, no sirvió. Mi plástico, terminando de ponerlo ya tiene hueco, una parte, ahorita está allá, pero lo tenemos puesto con poliparche y solo porque lo pegaron con poliparche no se ha levantado, la mitad de una nave está todo roto el plástico. No fue material regalado, tuvimos que dar el diez por ciento de su costo, yo di como 17 mil pesos.
Lucía recuerda muy bien que las personas que deben rendir cuentas por las anomalías que se vivieron en Hidroponia Maya, son entre otros, Germán Parra, que estuvo en Sedari, Otto Ventura al frente de Hidroponia Maya, así como Gilber Arroyo.
Este material de mala calidad también vino a disminuir la producción, “porque aunque uno está aplicando el insecticida, la mosquita entra, porque temprano te ataca y para remediarlo no se puede, porque el producto aunque haya, todo está mosqueado, no lo puedes vender de primera, lo tira uno o lo vendes de seis a ocho pesos el kilo, qué va a hacer uno, sin ninguna ganancia. El costo de la producción es de 18 o 20 pesos y nos lo compran a 22 a 23 pesos, qué vamos a ganar, nada. El costo de los insumos está carísimo. Un bulto de potasio está a 600 o 700 pesos y semanal lo tenemos que comprar o cada quince días para nutrir las plantas. Además, se necesita Urea, Fosfonitratro, humus de lombriz, entre otras cosas.

–¿Algo más que quieras agregar Lucía?

–Pues hay mucho, pero uno, a veces por miedo, no puede decir todo.

–¿Cómo qué?

–Pues ahora que dijeron que no va a ver apoyo para los invernaderos, si es cierto, porque nosotros tenemos formado una cooperativa pequeña, con cinco compañeros, entonces nosotros pedimos a ese Pedro Pérez, cuando fue con el líder, le planteó las necesidades que tenemos en nuestros invernaderos, entonces le dijo, prepara tus documentos y llévenmelos a Chetumal, creo que fuimos un jueves, nos juntamos cinco y fuimos a llevar esos documentos para ese apoyo, pues no nos quisieron recibir. Estamos contentos porque estamos yendo a ver si nos pueden apoyar, así como le dijo al líder que nos va a recibir. Pedro Pérez aún era secretario de Desarrollo Rural. Nos citaron a las doce, la secretaría nos dijo que nos recibiría el secretario a la una. Esperamos y cuando vuelve a salir la secretaria y nos dice que el secretario había salido y que ya no nos podría recibir, pero que dejó dicho que lleváramos nuestros documentos el próximo lunes a Cancún, que allí nos recibiría. Sí sabe que no nos podía recibir, porque nos hizo ir a Chetumal, a gastar nuestro dinero, un dinero que nosotros utilizamos para comprar fertilizante o para otras cosas de la casa, así es el coraje que tenemos con el ahora candidato a diputado, Pedro Pérez.


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