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“Esclavitud” chiclera del Siglo XXI en Quintana Roo, respaldada por los gobiernos.

En la sección Política por el 15 febrero 2019 a las 7:11 am

Graciela Machuca Martinez—-
**La sustentabilidad del chicle orgánico que se vende en Europa y Asia no ha llegado a los Mayas de Quintana Roo que lo recolectan
**Chicza vende en Alemania a mil 438 pesos el kilo y a los chicleros se los paga a 80 pesos. Y lo llama ”Comercio Justo”
**Semarnat otorga permisos para cortar mil metros cubicos de Chicozapote al año.
Las familias que viven de la recolección del chicle en la selva del ahora estado de Quintana Roo continúan en el olvido institucional y sometidas a las leyes del mercado internacional, basadas en la explotación y en la pobreza, como a principios del siglo XX, cuando la actividad chiclera se extendió de Campeche a estas tierras.
Mientras la resina extraída de los elevados árboles de chicozapote se comercializa como chicle orgánico en los mercados europeos y asiáticos, la llamada sustentabilidad de este producto sigue alejada de los indígenas Mayas que lo recolectan, quienes carecen de seguridad social, incluso de la posibilidad de poder vender el chicle libremente en el mercado, antes eran víctimas de intermediarios, ahora “el consorcio chiclero” monopoliza la compra.
La empresa Chicza que trabaja en los estados de Campeche y Quintana Roo es la que monopoliza la compra de Chicle, al menos en comunidades mayas de Quintana Roo.
En la temporada 2018-2019 pagó el kilo de chicle a 80 pesos, pero en Alemania un paquete de 30 gramos de chicle de Quintana Roo se vende a dos euros. Al tipo de cambio del 13 de febrero de 2019, los dos euros representan 43 pesos mexicanos con 47 centavos.
De 999 gramos de chicle comprado a los recolectores de Quintana Roo, Chicza, produce 33 paquetes de 30 gramos, obteniéndose a la venta 66 euros, es decir un mil 438 pesos mexicanos, mientras que al productor, por mil gramos, solo le pagan 80 pesos.
Sin embargo, Chicza a cada productor le hace una retención por cada kilo para conformar un fondo solidario de previsión social, pero muchos de los chicleros no saben en qué consiste, o al menos no han tenido acceso a ese fondo.
Chiclear, una forma de sobrevivencia para los Mayas
Chiclear, es una forma de sobrevivir para los Mayas, forma parte de su cultura y es una actividad económica de alto riesgo. Escalan árboles de hasta de 30 metros de altura, donde con un filoso machete empiezan a formar un canal cruzado que desciende hasta el tronco para que la resina, la savia del árbol, vaya cayendo gota a gota.
Marcelo Cituk May, de 55 años de edad, aprendió a trepar árboles de chicozapote y extraerles su jugo desde los 13 años de edad, pero ahora tiene que combinar su trabajo de chiclero como peón de una empresa maderera y con la siembra de su parcela.
Marcelo, padre de dos hombres y una mujer, al igual que el resto de los chicleros de esta zona logran recolectar a la semana unos 40 o 50 litros de resina, la cual ya cocinada les proporcionan de 20 a 30 kilos de chicle que solo se lo pueden vender a don Fausto, representante la Cooperativa Chicza, quien se encarga de trasladarla a la ciudad de Chetumal, capital de Quintana Roo, donde se encuentra la procesadora.
Al terminar la semana de recolección de la resina viene el proceso de cocinado. En grandes pailas vierten el líquido blanco y lo someten a tres o cuatro horas de cocción con leña, un proceso que requiere mucha fuerza para poder mover la mezcla continuamente, tiempo en el que quien cocina tiene que estar expuesto al fuego y al humo.
La recolección de chicle ha descendido por falta de interés gubernamental
La extracción de la resina de los árboles de chicozapote se hace de septiembre a febrero, empieza en la temporada de lluvias en esta región del Caribe mexicano, cuando los árboles están hidratados, pero “la cooperativa deja de comprar a finales de diciembre o principios de enero, cuando ya reunió el chicle suficiente para cumplir con sus contratos”, comenta un veterano de la chicleada, Pedro Colli, quien a sus 61 años de edad sigue subiendo a los árboles de chicozapote, como lo empezó hacer desde los 12 años.
A él todavía le tocó los tiempos de los campamentos chicleros, cuando los hombres tenían que internarse en la selva 15 días, un mes o más para ir a extraer la resina del chicle y sacarla sobre lomo de caballos.
Recuerda que cuando empezó a trabajar en su comunidad se recolectaban hasta diez o doce toneladas de chicle al año, “ahora solo se alcanzan cinco toneladas, si mucho”.
Pero aunque se recolectaba mucho chicle los beneficios no los veían los chicleros, “nos pagaban a cinco pesos el kilo, ahora lo pagan a 80 pesos, pero tampoco nos alcanza”.
Pedro Kolli tuvo cinco hijos, quienes solo terminaron la educación secundaria, “ya no me alcanzó para más, solo para el consumo de la casa”, ahora, dos de ellos también se dedican a la milpa y a ser chicleros.
Quienes se dedican a la recolección de la resina del chicle en Quintana Roo carecen de servicios médicos y de otros derechos de la seguridad social, pero Pedro Colli dice que nunca ha necesitado ir al médico, “por la suerte, ni una vez me enfermé”.
–¿Y su familia?
–Tampoco se enfermó.
Él, lo que le pide al gobierno es que haya más compradores del chicle y que se incremente el precio, “ahora solo podemos venderle a la cooperativa, pero cuando se le acaba el contrato ya no nos compra, los árboles dan resina hasta febrero, pero ya no la podemos recolectar”.
El chicle tiene que procesarse inmediatamente, después de ser cocinado, porque de lo contrario “ya no sirve, se seca y pierde peso”. “Hacen falta compradores que paguen más y así nosotros decidimos a quien venderle”, dijo Pedro Colli.
Explico que cuando trabaja su milpa durante el año, “de octubre a noviembre me dedico a cosechar y a fin de año voy a trabajar el chicle”.
En tanto, Marcelo Cituk May, narra que el chicle se puede trabajar en diferentes temporadas del año, aunque la de lluvias es la mejor, pero su producción ha descendido desde hace ocho años cuando el gobierno “nos dio permiso cortar árboles de chicozapote para madera”.
El ejido tiene un permiso para que cada uno de los 206 ejidatarios “cortemos cinco metros” cúbicos de madera anualmente.
Reconoció que “este es el primer año que varios muchachos comenzaron a chiclear de nuevo”.
“En los últimos años que hemos estado trabajando se fue tumbado el zapote, porque tenemos permiso forestal, pero dicen que solo dos años más que vamos a estar tumbando zapote. Anteriormente, el chicozapote nadie lo tumba, pero desde que salió el permiso, son cinco metros por ejidatario y somos 206 ejidatarios y pues son más de mil metros cúbicos”, cuenta Marcelo entrevistado al interior de su vivienda, construida de bajareque.
Ahora ya no tienen que internarse semanas o meses en la selva para ir por el chicle. “Yo del diario voy con mi bicicleta, a veces en motocicleta, como hicieron la carretera aquí abajo para el Cenote, pues nos beneficia a todos”.
–¿Qué tanto recolectas?
–Semanalmente, máximo que trabaje uno, no muy forzadamente, saca uno sus 20 o 25 kilos.
–¿A cómo te los compran?
–Este año estuvieron pagando a 80 pesos el kilo. El señor Fausto dice que se va a liquidar diez pesos más por kilo de lo que él había facturado.
Al término de la temporada la cooperativa le pagaba a cada chiclero un remanente, en otros tiempos ese remanente era del cien por ciento, “si nos pagaban a 12 pesos el kilo, al final nos pagaban 12 pesos por kilo de remanente, ahora ya no”. En este 2019, los chicleros de Quintana Roo esperan que les paguen solo diez pesos de remanente por cada kilo que vendieron durante el 2018.
–¿Aparte del chicle, de qué otra cosa vives?
–La mayor parte del año de la extracción de madera. Soy un empleado de un patrón que tiene comprado un volumen grande, a eso se dedica. Me tiene dado un sueldo.
–¿Y ya de eso te mantienes?
–Sí.
–¿Tus hijos te heredaron el oficio de chiclero?
–El único que anda conmigo es Jony, mi hijo. El sí sabe chiclear. Es chiclero.
–Bueno, ¿pero no te dio para hacerte una casa de material?
–Lo que pasa que no hemos querido, creo, porque para hacer esas cosas tienes que ahorrar y ahorita con el costo que hay del cemento y todo…
–¿Cuánto tiempo les lleva sacar un kilo de chicle?
–A veces te toca de suerte, hay madera que da más de un litro, dos litros. Temprano me voy y a la una ya estoy regresando con unos cinco litros de resina.
–¿Cinco litros de resina cuanto de chicle te da?
–Unos tres kilos. Según la temporada. En esta temporada el chicle está más espeso, tiene rendimiento en estos meses. A la semana se obtiene de 25 o 30 kilos ya cocido, depende del tipo de madera, del zapote que te encuentres en tu área.
“El chicle no te da gran cantidad de dinero, ni siquiera aguinaldo te dan, no hay prestaciones, si te llegas a cortar, pues hay te llevan como puedas”, al médico, detalló Marcelo.
Piden que la compra del chicle no sea un monopolio
Rodrigo Colli, también chiclero, sostuvo que desconoce “quien más puede comprar chicle, porque solo (Jesús Manuel) Aldrete, el director o presidente de la cooperativa está comprando, él hace una junta con los señores, como con don Fausto. Nosotros como pobres, trabajamos de eso y entramos a otro trabajo y así mantenemos la vida, también. Si llega la temporada de chicle nosotros tenemos que ir a chiclear, sin saber si allí podemos accidentar también”.
A Rodrigo le interesa que al chicle “le pongan un poco más de valor”, que haya más compradores, “para que como socios podamos elegir”.
Rodrigo, tiene un hijo de 24 años discapacitado que requiere permanetemente de 3 medicamentos, lamotrigina, clonazepam y valproato de magnesio, algo así como 1500 pesos al mes, pero que al no contar con ningún apoyo, tiene que conseguirlos con los pocos recursos con que cuenta.
En la zona es emblemático el caso de Alfonzo Valdés Poot, quien ahora tiene 80 años, pero durante los últimos 25 ha vivido pegado a una silla de ruedas, después de que cayó de un árbol de chicozapote. Fue atendido en un hospital público, pero ya no pudo caminar. De la noche a la mañana dejó de depender de su única fuente de ingresos, la chicleada. La falta de seguridad social lo tiene en el abandono y en la pobreza extrema.
Los que menos se benefician, son los chicleros
Otro de los entrevistados es César Orlando Arceo Mánrrique, quien recuerda que la actividad chiclera hace unos lustros era muy importante y redituable, que le generaba una derrama económica, principalmente a la gente del campo, “cosa que en los últimos años ha sucedido lo contrario, quienes menos se benefician de la actividad chiclera son la gente que arriesga su integridad física para extraer ese producto”.
Expuso que hoy en día “hay una marginación hacia la gente que se dedica a la actividad chiclera, que no son muchos, porque en realidad la gente, los jóvenes de ahora, pues no saben ni aprendieron esa actividad, prefieren hacer cosas menos peligrosas”.
Considera que debe haber “una especie de justicia social para la gente que aún se dedica y para los chicleros ya que dieron su vida y ahora ya no pueden hacer esa actividad por su edad, ya están impedidos, pero tampoco reciben un beneficio como una especie de retiro que deberían tener por justicia, por haber producido cuando ellos estaban en plenitud y lo hicieron y sacaron adelante esta actividad”.
Arceo Mánrrique, oriundo de Felipe Carrillo Puerto y de padres yucatecos, señala que en la actualidad “se puede ver solo a una persona que se ha beneficiado económicamente de toda esta actividad, pues que es el señor Aldrete, ¿no? Yo a ese señor lo conocí cuando llegó a la zona maya y yo trabajaba para una organización y tuve la oportunidad de incluso de llevarlo a los ejidos, porque no tenía ni un medio de transporte ni dinero para pagarse su pasaje. Es evidente que a la fecha ha cambiado mucho su situación económica. Ahora anda en una camioneta de esas, de lujo, contrasta mucho con las condiciones en que andan los campesinos”.
La actividad chiclera “es una desgracia”, sostiene Aguilar Tamayo
Por su parte, Pablo Aguilar Tamayo, un hombre de 80 años de edad asegura que la actividad chiclera en Felipe Carrillo Puerto y sus alrededores “es una desgracia, porque actualmente a los gobiernos ya no les interesa, ya los mercados hay muy pocos, hay muchos chicles sintéticos, que ahorita, cualquier cosa, pintura, ya no les interesa. Lo que estamos ocasionando en Quintana Roo es la tala, como se tumban los árboles que aquellos tiempos eran los productores de la resina del chicle”.
Ahora hay un programa del gobierno para tumbar los árboles de chicozapote para elaborar postes que se llevan a los centros turísticos como Playa del Carmen, Tulum, Cancún.
Comentó que actualmente se saca chicle, pero en poca escala, “para ese señor, cómo se llama, Aldrete. Picarán cinco toneladas por le temporada ya, el chicle, ya desapareció y como le digo la madera cada día es más difícil, ya la están talando que para los postes, que para muelles, que para casas, que para palapas. Malamente, vuelvo a repetir, que se siga talando y no haya una conciencia del mismo gobierno para conservarla”.
–La actividad chiclera tuvo su auge.
–Tuvo su auge en 1925, 1935, 1940 y ya pa´cá vino el huracán y como que le puso un alto a eso, si se trabajó, se trabajó, pero en poca escala, ya fue en decadencia, en decadencia, en decadencia, creo que con Echeverría se acabó la cosa, creo que el gobierno de Echeverría fue el último que estuvo. Ya las cooperativas desaparecieron, vendieron todo ya, la cooperativa Vicente Guerrero vendió acá sus oficinas y así definitivamente en todos lados se borró del mapa, ya no hay nada de bien para el chicle.
Los chicleros deben recuperar sus bienes: Canul Tamayo
Sebastián Segundo Canul Tamayo, expresidente municipal de Felipe Carrillo Puerto, a sus 79 años de edad, le pide a los chicleros que luchen, que peleen por lo que es suyo, por los bienes que se adquirieron durante el auge de las cooperativas chicleras y que ahora han pasado a una empresa privada.
Nacido en el rancho El Platanar, desde la edad de los ocho años, Canul Tamayo vive en Carrillo Puerto, su padre fue yucateco y arribó a la zona para refugiarse, ya que como miembro del Partido Socialista en Yucatán, sufrió persecución política.
Don Sebastián conoce la historia de la producción chiclera en Quintana Roo, Yucatán y Campeche y sabe de esplendor de la actividad, así como de su debacle.
A él le disgusta lo que ha pasado en Quintana Roo con los chicleros y los mieleros, dos sectores autosuficientes económicamente, pero que los gobiernos se encargaron de desarticularlos para diezmar su poder económico y organizativo, sostiene.
“La injusticia que han hecho con los chicleros y han jugado propiamente con los bienes de los chicleros, de los campesinos y sobre todo, de los indígenas. Es gente que trabajó muy fuerte y que trabajó honestamente. A mí me disgusta mucho y creo que no es correcto, que gente que ahorita que llegó con Chicza, que ya no es la cooperativa, solo se nombra Chicza y Chicza es la figura que tienen en cuanto a todos los bienes de los chicleros, eso no es correcto, Yo quisiera que los chicleros se levanten reclamen sus bienes, los recuperen y si quieren vender que los vendan, pero que recuperen sus bienes y que saquen algo para repartirse, muchos ya murieron, pero muchos cooperativistas viven todavía y siguen en la mata”, añade el expresidente municipal de Carrillo Püerto.
Recuerda que al crecer el desarrollo turístico en Quintana Roo, “acabaron con el chicozapote que para los postes de las palapas, para esto para lo otro, Todo lo que es palapas en la cuestión turística, puro chicozapote, de distinto diámetros, ya acabaron con una riqueza forestal de los campesinos. Eso es lo que debieron defender desde la cooperativa, los chicleros, no debieron haberlo permitido., a través de su organización, pero prefirieron desmantelar la organización para que tengan margen, paso libre para el saqueo”.
Otro de sus disgustos es la desintegración de la organización de los mieleros, un gremio bien organizado, pero, “realmente los gobiernos desde Pedro Joaquín no apoyaron a los productores de miel”. Lo mismo sucedió en Yucatán y Campeche, donde los gobernadores “se enfocaron a destruir las organizaciones porque eran organizaciones muy fuertes, no les convenía políticamente que un grupo o grupos de campesinos tuvieran una fuerza económica grande, porque nosotros éramos una fuerza económica grande”.
El gobierno de Quintana Roo apoya la producción de Chicza
El 11 de octubre de 2017, el gobernador del Estado, Carlos Joaquín González, encabezó la inauguración de la temporada Chiclera Ciclo 2017-2018 del Consorcio Corporativo de Productores y Exportadores en Forestería S.C. De R.L.
Como parte de su mensaje, el gobernador refrendó su compromiso para seguir trabajando a favor del campo y reducir la desigualdad entre la zona urbana y rural, “como ha sido desde el inicio de su administración promoviendo acciones e iniciativas”, de acuerdo a un comunicado de prensa.
De igual manera se congratuló al señalar que con la apertura de esa temporada chiclera 2017-2018, “se rescata una vieja tradición que le da identidad a nuestro estado, siendo líderes en la industria chiclera y que el mercado internacional se está fijando en el campo de Quintana Roo”.
Carlos Joaquín consideró que la explotación del chicle en los ejidos lleva, en muchos casos, a la prosperidad y el bienestar las familias, al generar empleo y apoyar al desarrollo económico y social de la zona.

Además, tomó protesta a los miembros de la nueva mesa directiva del Consorcio de Productores y Exportadores de Forestería S.C. de R.L, y señaló: “Fuimos abandonando y descuidando estas acciones del campo, hoy nuestro compromiso es volver a las fuentes, a las raíces; es volver apostarle a este sector.”
Chicza, un esfuerzo de 20 años: Aldrete Terrazas

Jesús Manuel Aldrete Terrazas, director ejecutivo del consorcio, destacó que este esfuerzo de 20 años que inició desde el Plan Piloto, como empresa social, ha tenido la constante de superar los obstáculos del mercado y desarrollar productos con un crecimiento sostenido de arriba del cinco por ciento, donde se han invertido más de 25 millones de pesos en el crecimiento de la industria.

Para el productor chiclero de Calakmul Luis Armando Tamay, el chicle “representa una actividad económicamente importante, hoy venimos trabajando con el consorcio chiclero, que nos da buenas propuestas para la compra y la forma de comercializar el producto”.

Hilario Pech Cob, de Xpichil, dijo que con esta cooperativa se avanza más en materia de mejores precios de la goma de mascar, y para los campesinos es bueno seguir adelante y trabajar juntos, además de seguir apoyando a los chicleros, ya que esto motiva a que la gente vuelva a realizar la actividad.
Por su parte, Jesús Manuel Aldrete Terrazas, Director Ejecutivo del Consorcio Corporativo de Productores y Exportadores en Forestería S.C. De R.L., en aquella ocasión, presentó un informe del trabajo que se ha realizado en el consorcio chiclero, en el que se refirió “al crecimiento que ha tenido el corporativo y a la internacionalización de la goma de chicle y nuevos productos, para mejorar las condiciones de los productores de chicle”.
La versión de Chicza
Según la página web www.chicza.com “Chicza es un chicle 100% natural, se cosecha de manera sustentable de los árboles de chicozapote en la Selva Maya. Es orgánico certificado y biodegradable, y además, lo produce un consorcio de cooperativas bajo un esquema de comercio justo”.
En 2003 se constituyó el Consorcio Chiclero como una empresa social integradora, resultado de la fusión de sociedades cooperativas y de producción rural de los estados de Quintana Roo y Campeche.
Hemos logrado establecer un equilibrio entre el precio de venta y los costos de producción”, comenta Manuel Aldrete, director ejecutivo del consorcio, “con una distribución más equitativa de los beneficios y una mayor participación de los productores en la toma de decisiones”.
Después de cuatro años de investigaciones financiadas principalmente con sus propios recursos, el consorcio obtuvo a nivel experimental seis diferentes fórmulas para la producción de goma base y goma de mascar. A principios de 2007, el consorcio instaló una planta piloto para la producción de goma de mascar, y logró ajustar las formulaciones para producir, a nivel artesanal, una goma que contiene cuando menos 40 por ciento de látex orgánico certificado, mezclado con aromas, sabores y aditivos naturales, consolidando así un proceso de apropiación de un recurso natural que se ha comercializado por cien años como materia prima.
El Consorcio Chiclero, que administra la producción, la logística, el comercio y las finanzas, ha demostrado que es posible realizar una cosecha sustentable del chicle, elaborar Chicza y construir un negocio rentable. A cinco años de haber emprendido el camino para darle valor agregado y transformar la materia prima del chicle en goma de mascar, el coraje y la perseverancia han dado sus frutos: hoy, este producto elaborado significa un ingreso seis veces mayor para un chiclero. Cada persona que se lleve a la boca una tableta de Chicza en cualquier parte del mundo, estará contribuyendo de manera directa y personal al bienestar de los productores de chicle de las selvas tropicales del sur de México y mantener viva la Selva Maya, señala la misma fuente.

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