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Necesariamente Incómoda: Jornada un proyecto en el fondo del abismo……

En la sección Política por el 27 octubre 2018 a las 7:40 pm

 
Graciela Machuca Martinez ——-

El periódico La Jornada, que se edita en la ciudad de México, desde el mes de septiembre de 1984, fue un referente invaluable para los cambios políticos y sociales que ha tenido el país durante las últimas tres décadas, sin embargo, ese compromiso con la libertad de expresión y la democracia lo fueron perdiendo los directivos y administradores, desde que salió su director general fundador, el periodista y político, Carlos Payan Velver, quien sin duda, contribuyó a que el Sindicato Independiente de Trabajadores de La Jornada (Sitrajor) se consolidara y fuera ejemplo en América Latina.
Antes de que concluyera el primer lustro de la década de los ochenta del Siglo XX, se integró un equipo de profesionales del periodismo, con amplia experiencia en las redacciones y en el reporteo de proyectos periodísticos como Excelsior, cuando lo dirigió Julio Sherer, Proceso, El Día, Uno más Uno, pero también se unieron a ese grupo, mujeres y hombres jóvenes que le imprimieron energía, vocación y entrega para hacer un periodismo del cual estaba ávido la sociedad mexicana.
Una revisión hemerográfica permite recorrer la historia reciente de México, a través de La Jornada, un trabajo pendiente para periodistas y para las personas investigadoras que estudian el quehacer de la prensa tanto en México como en América Latina. Esa investigación es una deuda a quienes fundaron La Jornada, un proyecto ciudadano, financiado por destacados intelectuales, artistas y lectores, quienes se preocuparon porque el país tuviera el periódico que se merecía, después de décadas de una relación prensa-gobierno, en la que las audiencias no fueron tomadas en cuenta.
Los movimientos reivindicatorios de maestros, médicos, ferrocarrileros en la década de los 50, el movimiento estudiantil del 68, las masacres del 71, la guerra sucia de esos años, fueron contadas en la prensa desde la perspectiva del gobierno, del sistema político mexicano diseñado por los ideólogos del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Las personas lectoras, las radioescuchas, la incipiente teleaudiencia fueron ignoradas para narrar, a través del periodismo, sus propias historias, y quienes se atrevieron a romper las reglas del sistemas tuvieron que atenerse a las consecuencias.
La sociedad mexicana de principios de los años ochenta, después de las devaluaciones sistemáticas del peso, la nacionalización de la banca, los saqueos del presupuesto público, de los capitales, la corrupción y la impunidad, requería de un medio de comunicación capaz de ser el espejo de la realidad social mexicana, por ello, el proyecto de La Jornada se enraizó a nivel nacional.
Sin embargo, al asumir la dirección del periódico, Carmen Lira, al igual que su equipo de colaboradores no se percataron de la historia, fueron incapaces de observar al país y ponerse a la altura de sus requerimientos informativos, para ello, tenían que variar su esquema de negocios, la capitalización de Demos, Desarrollo de Medios, empresa editora de La Jornada, no podía repetir lo que por décadas hizo la competencia: depender de la publicidad gubernamental.
La creatividad empresarial es una capacidad de la cual carece Carmen Lira. El proyecto de La Jornada, no era cualquier empresa, era la empresa de comunicación que un amplio sector del pueblo mexicano pedía a gritos y prueba de ello, es que empresas que gozaron de solidez financiera en el pasado, cuando La Jornada estaba en asenso tuvieron que desaparecer por falta de lectores, como fueron Novedades y El Heraldo.
A la par del crecimiento de La Jornada como empresa, se fue consolidando el Sitrajor, al obtener prestaciones superiores a las que establecía la Ley Federal del Trabajo. La estabilidad laboral de la clase trabajadora se vió reflejada en los productos periodísticos que se publicaban.
Ese éxito de la empresa no fue gratis, se debió a una necesidad informativa de un mercado que confió en La Jornada, pero Carmen Lira y colaboradores se olvidaron de hacer empresa, actualizarse a los requerimientos del mercado, no se tuvo la capacidad de leer a los nuevos lectores.
Para quienes cobraban para diseñar la política editorial y empresarial de La Jornada, se imaginaron y trabajaron con un mercado al cual veían como una fotografía en blanco y negro, para ellos el país se detuvo en 1984 y 1994. Como periodistas perdieron la capacidad de asombro, se les cayó la nota en el camino y se conformaron con reproducir una falacia de país y, en el mejor de los casos, solo pudieron ver del país, lo que les permitió la rendija que les dejó su soberbia.
Sin embargo, a pesar suyo, México cambió y sus nuevos lectores pedían a gritos contenidos dinámicos, diversos, creativos y allí fue cuando La Jornada perdió el rumbo, no supo cuidar el proyecto empresarial que la sociedad puso en sus manos, cuando les demostró que el pueblo de México requería información, pero de calidad.
Pasaron los años y la empresa, al no tener la capacidad para renovarse y competir en el mercado de las comunicaciones que requiere ideas creativas, disminuyeron las ganancias, ante la falta de planes diseñados ni para el crecimiento y para las crisis, optaron por echar mano de lo que creyeron era la caja chica de la empresa, el Sitrajor.
Se les olvidó que la solidez del sindicato se debió al compromiso de muchas y muchos dirigentes, así como a una base trabajadora que siempre se puso la camiseta y que en muchas ocasiones, sacrificó prestaciones o aumentos salariales para que la empresa mantuviera finanzas sanas.
Sin duda, el neoliberalismo con su mercado insaciable derrotó al periódico, pero quienes lo dirigen, como Carmen Lira y sus administradores, no estuvieron a la altura del compromiso social que tienen.
Ahora más de 50 mujeres y hombres que hicieron brillar a La Jornada tuvieron que pedir su retiro voluntario o renunciar porque este periódico ya no fue, para ellos y ellas, una opción laboral para proveer a sus familias; hay 12 mujeres y hombres despedidos por haberse atrevido a reclamar sus derechos laborales a través de una huelga, un derecho constitucional.
Un juez federal acaba de resolver favorablemente para que el contrato colectivo se aplique como estaba antes de 2015. Las personas trabajadoras han tenido la razón laboral en este litigio, pero se han enfrentado y seguirán enfrentándose a la corrupción de la Junta de Conciliación y Arbitraje que le toca ejecutar las decisiones tanto administrativas, como judiciales. (Continuará).

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