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El día de los periodistas en Chetumal

En la sección Libertad de Expresión y Periodismo por el 9 junio 2018 a las 9:38 am

 

 

 

El mejor blindaje de nuestro gremio es la unidad fraterna, localizando los flancos de coincidencia para emprender proyectos de largo aliento; por ello me inunda de satisfacción que un festejo de amigos periodistas de Chetumal –nuestra capital– haya cumplido 30 años este siete de junio, entrando en una etapa de madurez en su islote caribeño y con envidiable salud.

Rubén Vizcaíno Aguilar ha mantenido viva la llama de un festejo parido en aguas repletas de pirañas, aquel siete de junio de 1988. El escuadrón fundador lo han integrado periodistas como Felipe Hernández García –en aquellos tiempos jefe de oficina del combativo Novedades de Quintana Roo– y una manada de amigos que han cubierto todas las zonas del periodismo con su certero y letal enfoque, como Raymundo Martín Gómez, Silvia Hernández Alonzo, Jorge Cruz Escalante y Nicolás Lizama Cornelio, Colinas.

Esta manada periodística es numerosa y vigorosa y ha cerrado filas ante amenazas y peligro manifiesto; participan compañeros presentes en espíritu cuya memoria se agita en la convivencia jovial, disfrutando la irresistible comida y el abundante trago amargo que desata las conversaciones con sus anécdotas del siglo pasado.

Son 30 años de una travesía en terreno minado inaugurada como convivencia paralela al festejo gubernamental del siete de junio, día oficial de la Libertad de Expresión. Fue una reacción digna que puso a prueba el valor de los periodistas chetumaleños para resistir la sanguinaria artillería del poder.

Se equivocan quienes fundan su fortaleza en la relación con los hombres del poder, ya que nuestro vigor tiene sus raíces reales en una amistad alimentada por compartir un oficio que ha arrebatado muchas vidas de compañeros en varios estados, cubriendo de luto a tantas familias cuyo dolor compartimos.

Los periodistas han sido asesinados a menudo en estos años de violencia a paso veloz, sin que los gobiernos estatales y el federal hayan tenido una reacción efectiva, más allá de la palabrería y las condolencias formales.

Amigos como Rubén Vizcaíno, Victoriano Robles, Graciela Machuca, Angel Ramírez y Julián Santiesteban han insistido como yo en la obligada creación de una Ley Estatal para la protección de periodistas, sepultada en este sexenio por una estúpida ofensiva de periodistas del régimen.

Gran parte de mis compañeros en la capital del estado comparten esta agenda pendiente que derramará grandes beneficios a los periodistas más desprotegidos, quizá el 90 por ciento de nuestra manada en todo el estado. Nuestra agenda es constructiva y la inauguramos este tres de mayo con los premios estatales de periodismo al margen del gobierno del estado.

Este viernes a partir de las dos de la tarde desembocaremos como un banco de peces en el Salón de Fiestas Dzibanché, en la avenida Belice (entre Carranza y San Salvador). La gran familia periodística dará rienda suelta a las anécdotas y pasajes irresistibles, con viejos y recientes combatientes de la información que hemos superado varios gobiernos a partir de Miguel Borge Martín.

El libreto es dictado por la espontaneidad de cinco o seis periodistas que coinciden en carne y hueso, con 50 canas, menos cabellera, algunos kilos de más y nietos juguetones.

Extrañaremos a Misael Pacheco, quien nos acompañó en el festejo de 2017 en el Camarote; extrañaremos a quienes se han adelantado en el viaje pero que no dejan de contemplarnos brindando con nosotros en la silla vacía en su honor.

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