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Menos “Viejos” aguardando su destino

En la sección Cultura por el 31 diciembre 2017 a las 9:13 am

POR ESTO

Poco a poco se pierde la tradición de quemar el “Viejo” a las 12 en punto de la noche el 31 de diciembre como forma de deshacerse de las malas vibras acumuladas todo el año y empezar el siguiente con buen pie. Una de las razones que coartaron a las familias locales para elaborar los muñecos es el hecho de que desde hace varios años el Ayuntamiento prohibió este tipo de expresión con el argumento de que puede ser peligroso, debido a los cohetes y demás productos pirotécnicos que forman parte de su relleno.
Lamentablemente, las autoridades olvidan que durante toda la temporada decembrina los puestos ambulantes de pirotecnia han trabajado prácticamente sin problemas, salvo en la madrugada del 25 de diciembre cuando, a raíz del fallecimiento de un menor de edad a quien explotó un cohete en la cara, se emprendió un operativo para decomisar este tipo de mercancía, pero los cohetes salieron de nuevo a la luz una vez concluido dicho operativo y hasta la fecha los informales ofrecen este tipo de productos sin mayor problema, pese a los riesgos que conlleva.
Tras llevar a cabo un recorrido por diferentes regiones de Cancún se pudo constatar que, contrario a otros años por estas mismas fechas, eran pocos los muñecos rellenos de paja, papel de periódico, bombitas y cohetes, vestidos con ropa y calzado que ya no se usa, colocados en la vía pública o en los porches de las casas, a la espera de ser consumidos por el fuego.
Algunas familias apenas comenzaban a recabar los materiales para confeccionar sus ‘Viejos’, que elaborarían en el transcurso de la tarde y la mañana del jueves, tal como expresó Fernando Márquez, residente en la Región 96, quien en esos momentos rebuscaba, en compañía de sus hijos, entre un montón de ropa que ya no usa la familia, las prendas más adecuadas para vestir a su muñeco.
En la Región 94 se habló con dos familias vecinas que sí elaboraron sus respectivos Viejos; en la segunda casa que se visitó, aún faltaban los últimos toques al rostro del muñeco, un simple cartón con una cara pintada con pluma a la que en el transcurso de la tarde se agregarían los rasgos faciales.
“Este año casi nadie hizo Viejo, supongo que será porque el Ayuntamiento dijo que estaba prohibido, entonces muy pocos nos atrevimos a seguir con la tradición y es una lástima porque antes, cuando más gente los elaboraba, la noche del 31 todos sacábamos los muñecos al camellón y ahí los quemábamos, era un bonito espectáculo, claro que siempre teníamos a mano las cubetas de agua por cualquier cosa”.
Hasta hace pocos años en una sola calle de cualquier región se podían encontrar un promedio de cinco viejos, mientras que en este 2017 la cifra disminuyó considerablemente; es obvio que la población, principalmente las clases económicas más castigadas, no tuvieron para esta ocasión suficientes ánimos para elaborar sus muñecos, aunque cabe la posibilidad que la mañana del 31 sean más los Viejos que adornen las calles de colonias y regiones populares.
En años anteriores por esta misma fecha empezaban a verse los primeros Viejos en las banquetas, en los porches de las casas, cómodamente sentados en sillones de mimbre, plástico o tela e incluso encaramados sobre los tejados, mientras que en esta ocasión no se apreció siquiera intenciones de confeccionar los tradicionales muñecos.
Ricardo Hoil, yucateco radicado en Cancún desde hace 15 años, expresó que de toda la vida su familia ha tenido la costumbre de quemar un Viejo el 31 de diciembre y ahora es él quien inculca la tradición a las nuevas generaciones.
“Es una tradición muy fuerte en los mexicanos; alegóricamente con la quema del Viejo se quema todo lo malo que nos ha pasado durante el año y se esperan muy buenas vibras para el próximo, que mucha falta nos hace a todos porque la situación está canija y creo que ya es hora de que podamos levantar cabeza”.

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