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Quintana Roo: a sus 96 años, es ejemplo ¡¡no lo dobla la adversidad!!

En la sección Autoayuda por el 30 octubre 2014 a las 1:59 pm

 

 

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poresto.net

MONTE OLIVO, BACALAR, 29 de octubre.- A sus casi 96 años de edad, con el cuerpo desgastado con el paso de los años, pero conservando un espíritu firme, don Martín Hernández se levanta desde las 6 de la mañana para trabajar su milpa, haciendo un lento recorrido, caminando corcovado y a muy pequeños pasos, por sus devastados y secos sembradíos, con la esperanza de encontrar algo de maíz que se haya salvado de los embates de la naturaleza que, este año, a él y a los alrededor de 80 habitantes del poblado Monte Olivo, les causó la pérdida de su principal fuente de alimento, que es su siembra de autoconsumo.
Desde que tiene memoria, don Martín se ha dedicado a la siembra de autoconsumo, ayudando desde muy pequeño en esta labor a sus difuntos padre y abuelo, de quienes aprendió todo lo que sabe respecto al campo y al trabajo de la milpa.
Don Martín es uno de los pioneros de la creación de Monte Olivo, hace más de 30 años, quien junto con su esposa vive en una muy pequeña casita de madera y techo de paja, de aproximadamente 4 por 4 metros, y de la cual su estructura luce debilitada debido al paso del tiempo.
“Ya el 11 de noviembre cumpliré 96 años”, dice Don Martín, de quien el paso de los años le ha cobrado fuerzas a su desgastado cuerpo, ayudándose de una azada que utiliza como bastón para poder sostenerse, y así poder trabajar y recorrer, desde muy temprano, sus alrededor de 5 hectáreas de milpa.
Esta labor la inicia desde las 6 de la mañana, y regresa a su hogar hasta las 6 de la tarde, 12 horas en total a diario, cada semana, todos los meses del año, durante todo el año, y desde que era joven.
Si bien el paso del tiempo le ha ido acabando el cuerpo, su espíritu aún se mantiene firme y vigoroso, con fortaleza que le da el trabajo diario que realiza arduamente, pues él no se siente viejo aún, no se siente “inservible”, y asegura que no lo será mientras el aliento le dure.
“Mientras no llegue mi día, yo seguiré trabajando, porque no me gusta estar sin hacer nada”, platica don Martín, mientras recorre a paso lento, corcovado y con la ropa enlodada, sus sembradíos.
Los embates de la naturaleza le han costado a Don Martín el poco alimento que consigue al día gracias a su cosecha, pues él es uno de los alrededor de 80 habitantes del poblado Monte Olivo que perdieron la mayor parte de sus cultivos en este año, como consecuencia, primero, de la severa sequía que pegó a Quintana Roo entre febrero y agosto pasados, y recientemente, por el problema de las fuertes lluvias que dejó tras su paso la depresión tropical número 9.
“De las lluvias perdí mi frijolito y maicito que había sembrado apenas, y de la sequía perdí todo mi maíz que ya estaba más crecido y que esperaba para cosechar hace meses”, narra don Martín, sostenido de su ahora inseparable azada, y rodeado de las decenas de plantas secas de maíz que adornan su milpa, un triste panorama dejado como recordatorio de lo implacable que puede ser la madre naturaleza.
Sin perder ni un solo día las esperanzas, don Martín recorre cada rincón de su milpa, tratando de rescatar alguna plantita y fruto de maíz que no haya sido dañado por la sequía y las lluvias, aunque la mayoría de las veces, este recorrido resulta en vano, pues entre sus sembradíos no quedan más que plantas secas, destruidas por las plagas, y otras más ahogadas por las lluvias.
“En mi cumpleaños la pasaré con mi gente, sé que no tengo casi nada pero eso no impide que no sea feliz, porque desde el momento que uno tenga vida, no importa lo mucho o poco que tenga, es suficiente motivo para sonreír y agradecer; hay gente que tiene muchísimas cosas y mucho dinero, y sin embargo no es feliz, entonces cuando les toque su hora, morirán tristes, porque cuando vivieron no supieron sonreír”, concluyó don Martín, quien dijo tener la esperanza de que las autoridades de Gobierno los ayuden a salir adelante, a sembrar nuevamente, a no dejarlos olvidados.
La pequeña comunidad de Monte Olivo, fundada hace más de 30 años, es el último poblado al norte del municipio de Bacalar, a más de 150 kilómetros de la ciudad de Chetumal, colindando con el municipio de José María Morelos.

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