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Ombligo Verde, condena eterna

En la sección Medio Ambiente por el 1 marzo 2010 a las 4:19 pm

Ombligo Verde, CancúnGregorio Sánchez ha intentado convencer, en el nombre de Dios, a cristianos y católicos. Con unos profesa el mismo culto y preside, junto a sus pastores, eventos multitudinarios de fe. Con otros, se codea entre la jerarquía católica y logra, a conveniencia mutua, menciones a su favor en misa dominical. Pero como fiel, que dice ser, viola los ordenamientos que guardan, en común, ambas religiones. En abril de 2008, días antes de que empezara a despachar como presidente municipal de Benito Juárez, entrevistamos a Gregorio Sánchez. “Me acusan de todo”, dijo, “de homicidio, de narcotraficante y, bueno, hasta de amar a Dios… ¿Es acaso pecado amar a Dios?”. Por si acaso, le respondimos entonces: “No, eso no es pecado, pero sí lo sería la codicia y la soberbia”.

Habíamos atinado a intuirlo con sólo observar su actitud y escuchar sus palabras durante algunos minutos. Ahora comprobamos que fue el caso. Y agravado: El 10 de marzo del mismo 2008, justo un mes después de rendir protesta como presidente municipal, la Iglesia Católica agregó otros siete pecados capitales a los tradicionales -lujuria, gula, codicia, pereza, ira, envidia y soberbia- enumerados desde hace 1,500 años. El Vaticano los divulgó como pecados sociales, “aquellos”, dijo, “cuya comisión va en contra de la justicia en las relaciones entre persona y persona, entre la persona y la comunidad, y entre la comunidad y la persona”. Y el Osservatore Romano, periódico oficial de la Santa Sede, los publicó así: No realizarás manipulaciones genéticas.

No llevarás a cabo experimentos sobre seres humanos, incluidos embriones.  No contaminarás el medio ambiente. No provocarás injusticia social. No causarás pobreza. No te enriquecerás hasta límites obscenos a expensas del bien común. Y no consumirás drogas.
La justificación del Vaticano para incluir esta lista de siete nuevos pecados capitales –o mortales-, fue que los anteriores habían quedado obsoletos y no reflejaban el mundo actual en el marco de la globalización que ha contribuido a degradar, cada vez más, las sociedades. En sondeos previos que hizo la misma Santa Sede, había descubierto que los pecados tradicionales habían sido ya desplazados en la escala de valores de los devotos cristianos y católicos, por otros como la crueldad, el fanatismo, la deshonestidad, la hipocresía, y el egoísmo. Y de ahí partió para engrosar su lista de “condenas eternas”.  Desde entonces ha transcurrido justo un año. Y al cabo parece que el Vaticano; el Papa, el Nuncio apostólico y el Obispo de Quintana Roo, aceptaron que los pecados modernos son más fuertes o más tentadores para caer. O quizá, más aceptables en la actual globalización que –ellos mismos advirtieron- está degradando todos los valores humanos.
Una foto, difundida por la prensa local, fue el testimonio. En ella, el Papa Benedicto XVI bendice los planos que le muestra el Obispo Pedro Pablo Elizondo sobre el proyecto de la Plaza Bicentenario que albergará a la Catedral y a un nuevo Palacio Municipal en el Ombligo Verde de Cancún, uno de los dos únicos pulmones con que cuenta ya esta ciudad.
La noticia fue difundida por el mismo presidente municipal que impulsa estas obras pese a la protesta de los ciudadanos, contra los dictámenes de las autoridades ambientales, frente a los llamados del Congreso y aún más, sobre la orden de un Juzgado para que las detenga.

Los “ombliguistas” y demás ciudadanos unidos en la defensa del parque ecológico, opinaron entonces: “Esto desnuda que la Iglesia Católica es tan responsable como Gregorio Sánchez de esta atrocidad y de este proyecto faraónico, que va en contra del medio ambiente, en contra de todo principio urbano, de todo valor moral, de la calidad de vida de la población y de la historia de Cancún. Llevar los planos a bendecir, no es más que una estrategia para apoyar un atropello tremendo, nunca visto”.  Y en esta frase, desmenuzada, encontramos ya varios, si no es que más de siete, pecados capitales.

Gloria Palma

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