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Haití: ¿Por qué nosotros?

En la sección Reportaje por el 6 febrero 2010 a las 2:30 am

¿Por qué Haiti?

”¿Por qué nosotros?”, es lo único que logré que me dijera una vieja haitiana que se dirigía a la Catedral de St. Mary, en Miami, donde generalmente se reúnen católicos de esa nacionalidad; era la misa por el arzobispo Joseph Serge Miot, hallado muerto debajo de los escombros de su oficina en Port au Prince.
Aseguran los geólogos, y en especial el doctor Tom Dixon, entrevistado por la televisión estadounidense, que ya se había anunciado un terremoto de gran intensidad en el Caribe. No se sabía cuándo, exactamente. ”Es posible que ocurran otros tan fuertes como este”, agregó.
Una niña de ocho años, ya dentro de la Iglesia, se tapaba la cara con las manos. No quiso hablar. Su hermano, sentado a su lado y no menos angustiado, sólo me dijo; ”está muy triste, no sabemos de mamá, que fue a visitar al abuelo”.
Haití ha sufrido inestabilidad política, enormes inundaciones y destrucciones por pasados huracanes. Desde 1994, cuando la tormenta tropical Gordon mató cientos de personas. Luego, en 1998, el huracán George arrasó con más de 500 vidas sin olvidar que en 2004 la tormenta Jeanne arrancó más de 2.000 personas del suelo haitiano. Mujeres, niñas y niños en total pobreza tratan, desesperadamente, de subsistir.
En 2005 el huracán Dennis se cobró 25 vidas en el mes de julio y luego en octubre, el Wilma, costó 11 vidas más. Los fenómenos meteorológicos Fay y Gustav, en 2008, hicieron desaparecer más de 300 personas y destruyeron unas 3.100 casas. Ahora la tierra de nuevo es cruel con Haití.
La población haitiana en Miami recorre los puntos a donde llegan las donaciones que deben ser enviadas, a través de la Cruz Roja, a la población de esa nación caribeña que no tiene siquiera un pedazo de tierra donde resguardarse.
Louise es haitiana, la encontramos a las puertas de una tienda, suplicando ayuda para su pueblo. ”Estoy muy triste”, fue lo único que dijo. Hay recesión en este país, pero la solidaridad se ha hecho sentir. Traté de hablar con ella, pero apenas conseguí que me contara que vino como inmigrante buscando un trabajo para ayudar a su familia en Port au Prince; sus hijos, sobre todo. Ahora ya no tiene a quién enviar el dinero.
Aún no se conoce la cifra exacta de muertos y desaparecidos. Las agencias y los expertos que están ya en suelo haitiano aseguran que son más de 100.000. Pero las imágenes hablan por sí solas: niños y niñas caminando sin rumbo entre las ruinas o padres buscando a sus hijos o sus familiares.
El edificio de las Naciones Unidas se desplomó en la capital haitiana. Hay 15 fallecidos y más de 150 desaparecidos debajo de los escombros. Ellos habían ido para ayudar al pueblo haitiano. El viernes apareció uno de los guardias de seguridad que estaba en el edificio. En posición fetal, había logrado comunicarse por su aparato de radio y así lo encontraron. El equipo mexicano lo rescató, no con poco esfuerzo. Tuvieron que taladrar los escombros sobre su cabeza. Los demás no han aparecido. Historias como esta se dan a conocer a diario.
La tierra a veces es muy cruel.

Mariana Ramírez Corría

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