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México y Argentina, decisiones apresuradas II

En la sección Política por el 1 agosto 2009 a las 10:30 am

Diarios locales de Bariloche reprodujeron una información que decía que la única forma de detectar la gripe porcina estaba basada en la voluntad de los propios pasajeros de declarar algún síntoma. Mientras tanto, en alguna oscura habitación del aeropuerto estaba abandonada una cámara termográfica, que sirve para medir la temperatura corporal, porque el Ministerio de Salud de la Nación no había autorizado su uso.

¿De que vale tomar una mediática decisión como lo es la cancelación de vuelos con un país, mientras que el aeropuerto que recibirá la segunda mayor de cantidad de visitantes extranjeros durante los meses de invierno no puede asumir el control de la salud de los pasajeros por una negligencia gubernamental?

Para colmo, la llegada de la gripe porcina no generó, ni por lejos, el pánico esperado por las autoridades, y sí levanto varias polémicas más. Oscar González, ministro de salud del gobierno de Córdoba, la segunda provincia más importante del país, dijo públicamente que la gripe porcina “es un fiasco”, y un invento de los laboratorios. “Generan miedo y pánico para vender más medicamentos. Hay otros intereses”, aseveró.

“Nos quisieron hacer creer que el jinete del Apocalipsis venía arriba de un pollo, ahora buscan que creamos que viene arriba de un chancho (cerdo)”, dijo el ministro a Cadena 3, una de las radios más escuchadas del país. “Así como fue la gripe aviar, la gripe A es un fiasco”, aseguró. “Si uno mira lo que ocurrió en México, después de 30 días se acabó la enfermedad que tanto pánico causó al principio. Ahora está todo en normalidad”.

Y criticó la decisión tomada por el gobierno argentino de cancelar los vuelos. “Es contradictorio, cortamos los vuelos a México y no a Estados Unidos, que es el país que más infectados tiene”.

Todas las teorías, todas

Las denuncias del ministro argentino parecen acercarse al mundo de teorías que se armó alrededor de este tema. Los días posteriores a aquellos de la decisión de suspender todos los eventos y espectáculos públicos en México fueron, informativamente, de una riqueza y una diversidad casi desopilantes. La teoría de la conspiración fue una de las más requeridas.

El reconocido economista Michel Chossudovsky, siempre crítico a los poderes de las superpotencias económicas y militares, dijo, en un artículo publicado en la revista Rebelión, que la gripe porcina era un nuevo intento de control a las masas disconformes. Chossudovsky, oriundo de Canadá, presenta algunas cifras esclarecedoras. “La gripe es una enfermedad común. Anualmente hay millones de casos de gripe por toda América”, dice el artículo. “Según el Diario de la Asociación Médica Canadiense, la gripe mata al año hasta a 2.500 canadienses y a unos 36.000 estadounidenses. En todo el mundo, la cifra de muertes atribuidas anualmente a la gripe es de entre 250.000 y 500.000”

“Declaraciones de esta naturaleza sobre la “inevitable propagación” de la enfermedad crean, bastante deliberadamente, una atmósfera de temor, inseguridad y pánico. También sirven para distraer la atención de la gente de la devastadora crisis económica global que está llevando al mundo a la pobreza y al paro generalizados”, prosigue el artículo.

“El anuncio por parte del UE de la pandemia de gripe porcina inevitablemente sirve para debilitar el movimiento de protesta social que se ha extendido por Europa. En México las medidas de emergencia contra la gripe porcina que han “cerrado” zonas urbanas enteras se consideran en general un pretexto del gobierno de Felipe Calderón para frenar la creciente disconformidad social con una de las administraciones más corruptas de la historia mexicana. En México se suspendió el desfile del 1 de mayo, que iba dirigido contra el gobierno de Calderón”, concluye.

El gobierno de México, por supuesto, hizo su parte muy importante en este desaguisado. Una vez pasado el brote de miedo sembrado por el mismo gobierno, comenzaron las preguntas. ¿Era necesario lo que se hizo? ¿La decisión de encerrar a la gente en sus casas fue absolutamente inocente de alguna oscura intencionalidad política? ¿Cómo pedir a los demás países no entrar en pánico, si México estaba viviendo en pánico?

La irrupción, primero desmedida, luego extrañamente minimizada, de la gripe porcina dejó demasiados interrogantes. ¿México sobre reaccionó en un primer momento? ¿O todo fue calculado? ¿Los días sin clases ni espectáculos públicos frenaron la epidemia? ¿O fueron un acto mediático? ¿Cuánto hay de cierto en las teorías de la conspiración, aparentemente descabelladas, que circularon por todas partes?

Son demasiadas las preguntas, y, como siempre, seguramente serán muy pocas las respuestas. Acaba de nacer otro de esos misterios que el tiempo develará o convertirá en mito.

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